Al fin y al cabo se trata de un producto tradicional, de elaboración artesanal sabroso y que aporta varios beneficios.
Un estudio llevado a cabo por la Fundación Española de Nutrición asegura que los hidratos de carbono presentes en los churros son mayoritariamente complejos y los lípidos en su mayor parte, si se fríen en aceite de oliva o girasol, son ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados.
Por ello, un consumo adecuado puede ser un buen complemento dentro de una dieta variada.
Entre las opciones a las que solemos recurrir para desayunar, por ejemplo, los cruasanes, las galletas maría o los cereales, los churros son los que menos calorías tienen.
Si nos fijamos en los azúcares, salvo que espolvoreemos azúcar por encima, sólo tienen 2-3 gramos.
Por el contrario, los cereales tienen 39 gramos y las galletas 24 gramos.
Además, cabe destacar que los churros no tienen nada de colesterol ni grasas saturadas, contienen muy pocos azúcares refinados, son ricos en fibra y no tienen ningún colorante ni conservante.
La clave de una vida sana está en una alimentación equilibrada, y teniendo en cuenta los datos mencionados anteriormente, los churros son mucho menos calóricos de lo que pensamos.
Como todo, hay que tomarlo en su justa medida y no abusar de ello.
Muchas veces recurrimos a alimentos que parecen más sanos para “cuidarnos” más, y al final resulta, que los productos de toda la vida son mucho más beneficiosos.