Una mousse es una elaboración cremosa y ligera que se elabora partiendo de un líquido que se airea y se estabiliza, permitiéndonos adaptarse al molde, recipiente o forma que necesitemos. Para que una mousse sea de calidad, necesitamos que mantenga el equilibrio entre potencia de sabor, buena estabilidad y, a su vez, textura ligera y cremosa.
La estructura básica de una mousse está compuesta por tres elementos fundamentales.
Las bases de sabor son el elemento identificativo de las mousses, ya que partimos de estas para dar para elaborarlas y dar nombre a cada elaboración.
El elemento aireante es esencial para lograr la característica textura burbujeada, suave y ligera en una mousse.
Una mousse siempre necesita de un elemento estabilizante, el cual se añade a la base de sabor para mantener las burbujas de aire que aporta el elemento aireante durante un período prolongado.
Una mousse con 80% de base de sabor y 20% de elemento aireante será muy sabrosa pero a la vez, muy densa.
En cambio, una mousse con 30% de base de sabor y 70% de elemento aireante será excesivamente ligera pero con poco sabor y estabilidad.
Por ello, trataremos lograr una proporción equilibrada de 50/50 entre el sabor y el elemento aireante en nuestra mousse.
La elección entre nata, merengue o una combinación de ambos dependerá de las preferencias individuales y del equilibrio deseado en cuanto a sabor, textura y estabilidad que se busquen en la mousse.
La decisión final influirá en el resultado final de la mousse, asegurando que cumpla con las expectativas en términos de gusto y consistencia.
Una mousse necesita un elemento aireante para lograr la característica textura burbujeada, suave y ligera.
El elemento estabilizante más versátil y decisivo serán los gelificantes, específicamente la gelatina en polvo u hoja de gelatina, ya que es el único gelificante que se funde a nuestra temperatura corporal y, por lo tanto, hará que nuestra mousse sea fundente en boca.